La Historia de esos días

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1 de septiembre de 2011

Embarazo en adolescentes, la responsabilidad de las instituciones




El embarazo en una adolescente no sólo representa un alto riesgo para la salud de ella y su producto, sino que también tiene una repercusión social y económica, ya que la maternidad a tan temprana edad reduce las oportunidades educativas o genera el abandono de los estudios, lo que puede incidir en exclusión y desigualdad. Por tal motivo, la SEP, luego de años de presión de organizaciones de mujeres, creó un programa de apoyo económico a estas adolescentes.


Por Leonardo Bastida Aguilar


“Cuando supe que iba a regresar a la escuela me sentí feliz porque iba a volver a estudiar y podría terminar una carrera”, narra Rosalba, quien pensaba que jamás volvería a estudiar después de dar a luz a Ximena, a los 11 años de edad. Al recordar el momento, una breve sonrisa se dibuja en su rostro ensimismado que se niega a mirar hacia adelante. 
Originaria del estado de Hidalgo, Rosalba recibió apoyo del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) tras haber resultado embarazada, producto de un abuso sexual, mientras cursaba el cuarto año de primaria. Así, fue trasladada a la ciudad de México a una casa hogar. Al paso del tiempo, regresó a la escuela para cursar el quinto año. Con la mirada cabizbaja y una voz tenue, la menor comenta que estudió quinto y sexto y obtuvo un promedio de 9.8, lo cual le permitió ingresar a la escuela de su elección, una secundaria diurna cercana a su actual residencia. Gracias a la intervención de las autoridades de la escuela y a su tutor, Rosalba pudo ingresar al Programa Becas de Apoyo a la Educación Básica de Madres Jóvenes y Jóvenes Embarazadas (Promajoven) de la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde el quinto año de primaria. El apoyo consiste en 650 pesos mensuales durante el año escolar en curso. Para ella, este apoyo ha sido de suma importancia ya que le permite pagar algunos gastos que la casa hogar no cubre como algo de ropa para ella y su hija, así como algunas visitas al cine, sitio al que, comenta con una sonrisa maliciosa, le gusta ir cada vez que puede, o también comprar material escolar para ella o Ximena. “Es bueno que nos den un apoyo para así poder seguir estudiando y sacar adelante a nuestros hijos”.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en su informe Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Juventud, entre las adolescentes de 15 a 19 años que han tenido relaciones sexuales, tres de cada cinco no usaron método anticonceptivo en su primera relación sexual, a pesar de que 97.6 por ciento conoce o ha oído hablar de un método de control natal. Sobre las jóvenes que viven con una pareja estable, el reporte señala que 62 por ciento de ellas usan algún anticonceptivo, mientras que una de cada cuatro adolescentes unidas (24.7 por ciento) no los usa. De este último sector, 43 por ciento consideró no necesitarlo o está embarazada y 19.3 por ciento no lo usa porque quiere embarazarse. En México cuatro de cada diez mujeres jóvenes tienen al menos un hijo nacido vivo, entre las adolescentes la razón es de una entre cada ocho.
Las becas no fomentan embarazos
En su diagnóstico Promajoven, la SEP señala que en el país, 869 mil 74 adolescentes entre 12 y 17 años tienen al menos un hijo. Por tal motivo, desde 2004, la SEP creó el programa, luego de un cabildeo exitoso de organizaciones feministas en la Cámara de Diputados con la finalidad de garantizar el derecho a la educación, combatir el rezago educativo, el analfabetismo e igualar las oportunidades educativas de las mujeres jóvenes y adultas. Aunque aclara: “no fomenta el embarazo, sino busca apoyar a este sector promoviendo su derecho a estudiar”. Tres años después de su creación, el programa se adhirió al Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, que en su apartado 3.3 contempla la necesidad de una transformación educativa, debido a los rezagos que se presentan en la educación básica donde más de 30 millones de personas mayores de 15 años no concluyeron la primaria o la secundaria. De esta cantidad, advierte la presentación del programa, más de la mitad son jóvenes de entre 15 y 35 años. El promedio de escolaridad es de 9.7 años y la meta es que alcance los 12.5 años.
Severiano Díaz Pérez, subdirector de operación de la Coordinación Sectorial de Educación Secundaria, encargado del programa en el DF, explicó a Letra S que el programa funciona por medio de un comité técnico integrado por un representante de cada uno de los niveles involucrados –primaria y secundaria– y se encarga de difundir entre directores e inspectores el programa para que apoyen a las alumnas que lo requieran. Además, aseguró, se hacen labores de concientización con los directores e inspectores debido a que en muchas ocasiones ellos mismos tratan de ocultar la situación. En esta capacitación, explicó, se les hace saber que la escuela tiene como responsabilidad buscar alternativas para que las alumnas continúen sus estudios, ya que lo importante es que no las marginen. Por tanto, se les invita a hablar con los padres de familia y detectar casos de embarazo.
Para evitar que al finalizar el ciclo escolar la jóvenes deserten de la escuela, el Promajoven maneja las becas de continuidad que permiten terminar un ciclo específico, por ejemplo, la primaria o la secundaria. En el cambio entre primaria y secundaria, no se renueva de manera automática porque primero se debe comprobar que la alumna ya cambió de nivel y que está inscrita en una nueva escuela, añadió.
Por otra parte, Díaz Pérez, reconoció que hay aspectos por mejorar en el apoyo que se le daba a las chicas, entre ellos, brindarles un espacio en el cual pudieran dejar a sus hijos mientras asisten a clases debido a que la mayor causa de deserción escolar de este sector en años pasados fue que no hubiera quien les cuidara a los niños. Por tal motivo, a partir de este año, Promajoven DF, tras firmar un convenio con la Coordinación de Preescolar, apoyará a las alumnas que lo requieran para dejar a sus hijos en el Centro de Desarrollo Infantil más cercano a su hogar, mientras ellas acuden a clases.
Sobre los resultados del programa, el coordinador indicó que a cuatro años de su implementación la deserción es mínima “y se ha logrado un impacto positivo”, en el que el 90 por ciento de las beneficiadas ha podido concluir sus estudios. Para lograr esto, se ha pedido a las escuelas que en cuanto se detecte que una alumna deja de asistir a clases, la trabajadora social investigue por qué lo ha hecho y, en caso de ser por un embarazo o un hijo, brindarle el apoyo lo más rápido posible. Así, señala el funcionario de la SEP, “se pretende brindar opciones más allá de lo económico”. Además, consideró que el programa ha sido bien recibido por las estudiantes y docentes. “Hoy en día hay mayor demanda porque el programa es más conocido. Esto no significa que haya más embarazos sino que se ha difundido mejor el programa”.

"Mal ejemplo", motivo de rechazo

El Estudio de Diagnóstico Nacional sobre el Rezago Educativo que presentan las Madres Jóvenes y las Jóvenes Embarazadas en relación con la Educación Básica, realizado en 20 municipios de Chiapas, Guerrero, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí y Tamaulipas por la Universidad Nacional Autónoma de México, señala que gran parte de las jóvenes que continúa sus estudios después de un embarazo se enfrenta a la reprobación, repetición, e incluso a nuevas deserciones posteriores a su regreso a la escuela o a los estudios del sistema abierto; además, enfrenta inequidad de género ante su pareja o su familia. 
Aunado a esto, indica el texto, no hay lugar, interés social o comunitario suficientes para reincorporar a las jóvenes madres o embarazadas a los estudios. Incluso, advierte, en algunas escuelas hay resistencia a aceptar a las chicas debido a que “el mal ejemplo puede cundir”. Otro aspecto que se debe mejorar, señala el documento, es el tiempo que pasa entre el momento en que la interesada presenta su solicitud de apoyo y el cobro de éste, el cual puede ser de unos meses hasta un año.
Asimismo, los expertos del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM consideraron que es necesario diseñar una estrategia de difusión y promoción de la beca de acuerdo a los contextos sociodemográficos de las madres jóvenes, promover el programa en espacios como clínicas, centros de convivencia, mercados, comercios y espacios públicos, y atender a este sector de la población después de haber cumplido los 19 años.
Lunes 22 de agosto. Rosalba acude a su plantel escolar para iniciar el curso. Horas más tarde sale del plantel, llega a la casa hogar y más tarde se dirige al kinder a recoger a Ximena (que hoy tiene 3 años). De regreso a la casa hogar cumple con sus obligaciones como lavar platos, asear las recámaras, para después pasar toda la tarde con Ximena y ver la televisión, en especial algunas series infantiles. Está iniciando el tercero de secundaria. Volverá a tomar clases de su materia preferida: historia; pero también de la más odiada: matemáticas. A pesar de que será el último año que cuente con la beca de la SEP no pierde la esperanza de poder continuar sus estudios y convertirse en “chef de barco” para viajar a muchos lugares del mundo junto con su hija.

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