La Historia de esos días

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14 de mayo de 2016

La literatura en 1968 Alma Leticia León Radio BUAP 3-octubre-2011


LAS LECTURAS DE ESOS DIAS                             

Alma Leticia León                          
 No. 1. 
Radio BUAP 

La literatura en 1968.
3-octubre-2011

En 1968 irrumpieron las protestas, tumultos y motines en Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México, Santiago.

De la misma manera que las epidemias medievales no respetaban ni las fronteras religiosas ni las jerarquías sociales, la rebelión juvenil anuló las clasificaciones ideológicas dice Octavio Paz en su Postdata a El Laberinto de la soledad.
En México los líderes del Movimiento Estudiantil leían a Carlos Marx, a Federico Engels, a Greorg Lukács y a Antonio Gramsci, a  Mao Tse-tung, a Ho Chi Min. Algunos también leían a Lenin, otros  a Stalin. Discutían con José Revueltas sobre un proletariado sin cabeza. Estudiaban  El capital y El manifiesto comunista.
Herbert Marcuse. Simone de Beauvior, ya había impactado con su Mujer rota, dejaba claro que no sólo había un protagonista, sino, también, una protagonista, se leía a todos estos pensadores que tanto habían influido en los estudiantes parisinos, eran bien conocidos, pero también  leían a Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Octavio Paz, Julieta Campos, Salvador Novo, Juan José Arreola. José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, quienes fueron muy importantes para el 68”.
Escuchando a Los Beatles y los Rolling Stones, leían a los autores de moda; a los escritores de la onda: José Agustín, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña. Seguían con detenimiento las obras de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Cien años de soledad, La ciudad y los perros, Rayuela, eran las novelas del día. Manuel Puig con La traición de Rita Hayworth, ya estaba siendo conocido. En ese año, también se encontrarían a los jóvenes con la literatura japonesa gracias a Yasunari Kawabata, el primer escritor japonés  que recibe el Premio Nobel de Literatura, pero después del 2 de octubre, también las lecturas de los estudiantes de México cambiaron.
El 3 de octubre, Octavio Paz  quién aseguraba que "el movimiento estudiantil en México era más ideológico que el de Francia o el de  los Estados Unidos; renunció a la Embajada de la India, porque dijo: no se podía ser representante de un gobierno que mata a sus jóvenes. También se empezó a escribir la crónica del 68: Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, el mismísimo José Revueltas (un escritor ya muy reconocido), Luis González de Alba, René Avilés Fabila, Monsivais, Roberto Bolaño, entre otros. Todos ellos, van a empezar a hacer las crónicas sobre el movimiento estudiantil de 1968, esto era lo que leían los jóvenes en aquel momento, era lo que se discutía en las lecturas de esos días 

5 de marzo de 2012

No se nace mujer: se llega a serlo



Las lecturas de esos días*


Alma Leticia León

En la Europa de 1946, Jean-Paul Sartre era objeto de constantes ataques. Simone de Beauvoir, sin mayores pretensiones, trata de defender las posiciones que compartía con él, escribiendo un ensayo en el que se definiría personalmente como mujer y filosóficamente como existencialista. Trabajaba en ese texto “cuando del pensamiento de la autora comenzó “a surgir con cierta reiteración una idea”. La condujo a “la conciencia muy profunda y asombrosa” de ser diferente de Sartre. Muy sencillo: “él era un hombre y yo sólo una mujer”, narra su biógrafa, Deirdre Bair, me explicó por qué decía “sólo”: Aún no había llegado a la idea de mujer como el otro, eso vendría después.
Así escribe el primer volumen de El segundo sexo, donde la idea de una “naturaleza femenina” a través del examen de los datos biológicos, médicos; de las aportaciones freudianas y marxistas, así como de la filosófica, ve que la alienación de las mujeres es de orden cultural y hace una construcción histórica y social. Sobre estas bases demolerá mitos de la mujer, que el hombre le ha impuesto al definirla como el Otro.
Luego aparece el segundo tomo, La experiencia vivida, que de cierto modo habla de sí misma, de qué modo se ha estructurado en términos sociales y culturales la situación de opresión que viven las mujeres en la sociedad.
Ordenada en varios bloques sucesivos: en el primero, “Formación”, estudia la infancia, la adolescencia, la juventud y la iniciación sexual; aquí incorpora el lesbianismo, con posiciones que anticipan las reivindicaciones actuales de los colectivos lesbicos gays. En el segundo, “Situación” analiza aspectos de la adulta, como la mujer casada, la madre. Rechaza la maternidad como la vocación natural de la mujer, la llega a considerar una carga para la mujer en su situación actual. La vida social, la prostitución, la madurez y la vejez. El tercero, “Justificaciones”, analiza diferentes actitudes de las mujeres, en concreto retrata a la “narcisista”, a la “enamorada” y a la “mística”, que para ella son “salidas ilegítimas” , pues no afirman a la mujer como un sujeto trascendente.
Y el último, “Hacia la liberación”, es un único capítulo, “La mujer independiente”, donde indica diferentes vías que tienen las mujeres para salir de su situación de opresión, sin obviar las dificultades que encontrarán en ese combate.
Seguramente, Simone de Beauvoir no  imaginó que había escrito el libro fundamental del feminismo del siglo XX. Revisando textos de la época, encuentro que simplemente, dice “no se trata de enunciar verdades eternas, sino de describir el fondo común sobre el que se alza la existencia femenina singular”.
“No se nace mujer: se llega a serlo No es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino su insignificancia histórica lo que las ha condenado a la inferioridad”. Afirmaciones cuya contundencia resultaron ofensivas.
En La fuerza de las cosas, dice la autora “en los restaurantes, a menudo se burlaran de mí señalándome con la mirada y se reían a carcajadas. El primer volumen fue bien recibido: se vendieron 22 mil ejemplares durante la primera semana. También se compró el segundo, pero escandalizó. Julien Gracq en un artículo me felicita por mi coraje: “Va a perder muchos amigos”. No son amigos pensé. Había escrito el libro tal como quería, pero ni por un instante me había aflorado el heroísmo. Hombres que me rodeaban como Sartre, Bost, Merleau-Ponty, entre otros, también en ese punto eran verdaderos demócratas.
Pero también reconoce que conoció el machismo de izquierda, que lacera más por venir de hombres consientes, sensibles y comprometidos con luchas políticas. “Suscité cólera entre mis amigos. Uno de ellos, universitario progresista, lanzó el libro al suelo. Albert Camus me acusó con frases tristes, de haber ridiculizado al macho francés”.
Después del El segundo sexo,  hubo y habrá  otras autoras que han ido más lejos que Simone de Beauvoir, pero ella, fue la primera. Y El segundo sexo es una de las referencias obligadas para las conmemoraciones del 8 de marzo y una de las lecturas de esos días.

* Texto de Crónicas Universitarias, programa de Radio Buap.

6 de febrero de 2012

Las "chicas malas de la literatura"


Por Mapi Pamplona


Rastreando las redes he visto un interesante post sobre las diez "chicas malas" de la historia de la literatura. Las escritoras que aparecen en este artículo y sus obras abarcan 3.000 años de historia- de Safo a Alice Walker- y nos muestran que, a veces, las damas de la literatura han sido igual de "rudas" que sus homólogos masculinos e igual de vanguardistas y pasionales a pesar de que la sociedad, quizá, no lo esperaba de ellas. Como asegura Judy Berman en la revista de crítica literaria FlavorWire, "podríamos haber hecho esta lista de cinco veces más larga", pero, como en tantas otras ocasiones, ni están todas las que son, ni son todas las que están.

1- Safo
Apenas se saben datos sobre la biografía de la poetisa griega Safo, de quien tan sólo se conservaron 650 versos, extraídos de citas tardías y del estudio relativamente reciente de papiros. Se le supone una vida típica de las mujeres de la alta sociedad helénica y su obra ha pasado a la historia por mostrar, en forma de versos, lo irracional del amor situado entre el bien y el mal y en todas sus manifestaciones (celos, deseo o nostalgia). Procedente de la isla de Lesbos, fundó una academia para mujeres jóvenes y solteras, dedicada a los cultos de Eros y Afrodita. Lo inusual de su obra la convierte en una de las primeras damas de la literatura, y en una de las personalidades más importantes de la lírica griega.

2- George Sand
George Sand fue uno de los autores más prolíficos del siglo XIX francés. Y así es recordado. Pero , en realidad, George Sand era Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa de Dudevant. Como muchas otras autoras del siglo XIX, la escritora decidió adoptar un seudónimo masculino para que sus obras tuvieran más repercusión. Pero el caso de Sand va más allá de una simple firma. Según algunas crónicas, era conocida por usar ropa de hombre en público ya que le resultaba más práctica que los pomposos vestidos de la época victoriana, y también fumaba tabaco, práctica digamos que "poco habitual" para las damas de la época.  Su "disfraz" masculino, le permitió circular más libremente en París, y obtuvo de esta forma, un acceso a lugares que de otra manera hubieran estado negados para una mujer de su condición social. En el plano personal, estuvo casada con el barón de Dudevant, de quien obtuvo su título nobiliario, y también mantuvo romances con el escritor Alfred de Musset y con el músico y compositor Chopin, y entre su círculo de amigos figuraban personalidades como Delacroix, Victor Hugo, Honoré de Balzac o Gustave Flaubert.

3- Colette 
Sidonie Gabrielle Colette nació enlos años del ocaso de la vida de Sand, y en muchos aspectos, sus biografías son similares. Fue periodista, novelista y artista de cabaret. Como escritora, relato la vida de las bailarinas y cortesanas, unas vivencias que inmortalizó en su obra más famosa "Gigi", llevada magistralmente al cine por Vincente Minnelli en 1958. Su literatura es reconocida por sus descripciones voluptuosas a la vez que sensibles, y durante años fue colaboradora del periódico parisino Le Matin. Colette también es recordada por sus relaciones lésbicas, descritas en algunas de sus obras, y por besar a una de sus amantes en un espectáculo del Moulin Rouge. También por su reinvindicación de "los derechos de la carne sobre los del espíritu" en el tumultuoso y vanguardista París de principios del siglo XX.

4- Edna St. Vincent Millay
La escritora Edna St. Vincent Millay (1892-1950) tiene su hueco propio en la historia por haber sido una de las primeras mujeres en ganar el premio Pulitzer de poesía. Sin embargo, también será recordada por su estilo de vida bohemio y por sus numerosos amores. En el plano creativo, destacó por la vitalidad de sus versos y por el dominio de la expresión de sensaciones en sus versos. También escribió varias obras de teatro y fue una de las impulsoras del grupo de teatro experimental Provincetown Players, formado por artistas y escritores amateurs. De entre las obras que escribió para ellos destaca Aria da Capo (1919), una fantasía satírica sobre la guerra. Su poesía transgresora hizo que su obra causara un gran impacto en los autores (y especialmente de las autoras) de su generación.

5- Dorothy Parker
Parker fue una de las lenguas más agudas y sarcásticas que retrató como nadie la vida urbana del Nueva York de la primera mitad del siglo XX. Fue crítica literaria y teatral,y saltó a la fama gracias a su sección de teatro en la revista Vanity Fair. Formó parte de la plantilla de la prestigiosa revista New Yorker desde su fundación y es conocida por sus cuentos llenos jocosos y a menudo, "punzantes". En el plano más personal, se postuló como una autora de izquierdas y fue investigada por el FBI como sospechosa de pertenecer al Partido Comunista, por lo que llegó a aparecer en la Lista Negra de Hollywood. Su vida personal estuvo marcada por los excesos y el alcohol, un problema que arrastró hasta su muerte y que hizo que en la última etapa de su vida su producción literaria fuera intermitente. Al igual que Milley, Parker abordó sus obras con una sensibilidad no convencional unida a una preocupación profunda por el futuro y por la justicia social. Sus cenizas reposan en NAACP (Asociación Nacional para el Desarrollo de las Personas de Raza Negra), bajo el epitafio: "Excuse My Dust" ("Perdonen por el polvo").

6- Anaïs Nin 
La autora francesa Anaïs Nin está considerada como la primera mujer en romper con la literatura tradicionalmente patriarcal. Se dice de ella que tuvo una vida un tanto licenciosa y que queda plasmada en sus diarios, un compendio de más de 35,000 páginas en las que relata su vida y sus escarceos amorosos, así como su forma de ver la vida y el mundo. Declarada a sí misma como una solitaria, comenzó a escribir su diario cuando tenía 13 años y no dejó de escribirlo hasta su muerte, llegando a decir de él que era "su único amigo". Sin embargo, sus diarios, a pesar de ser reconocidos por la crítica, eran demasiado escandalosos en la época para ser publicados por alguna editorial, así que terminó por autoeditarlos ella misma. Pero no nos engañemos: aunque los diarios son "jugosos" por su contenidos, lo son todavía más por su inteligencia, su capacidad de reflexión y por su riqueza descriptiva. La importancia de la obra de Nin es tal, que para muchos se trata de " documentos fundamentales en el desarrollo cultural de la mujer".

7- Simone de Beauvoir
La autora de "El segundo sexo" no fue sólo novelista y filósofa. Considerada como una de las "madres" del existencialismo, en cuya corriente filosófica podemos enmarcar su pensamiento, Beauvoir es también uno de los referentes teóricos del feminismo, abarcando en sus obras un profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad. Su obra también explora los dilemas existencialistas como la libertad y la responsabilidad individual. En el plano sentimental, mantuvo una relación "revolucionaria" con el también filósofo Jean Paul Sartre, de quien fue amante, amiga y compañera. De hecho a él dedicó una de sus últimas obras, , "La ceremonia del adiós" (1981).

8- Sylvia Plath
La obra de Sylvia Plath va mucho más allá de su famoso suicidio, de su tormentoso matrimonio con el también escritor Ted Hugues o de ser una de las escritoras de cabecera del feminismo. Lo importante de su obra es que tuvo la necesidad y la valentía de expresar todos sus miedos y sus sentimientos a través de la poesía. Son muchos los que dicen de ella que es una poeta maldita, víctima del machismo y de sí misma. Adelantada a su tiempo, muchos dicen de ella que era negativa, feminista, bipolar, esposa a la par que amante de poeta, madre de un hijo también suicida, bipolar, auténtica, celosa, divina, genial e incomprendida. Y también fue la primera mujer que ganó un Pulitzer a título póstumo. Una mujer "Compleja como una rosa, suave como una piedra pulida"

 9- Kathy Acker
Escritora y feminista norteamericana, está considerada como un "símbolo de la literatura subversiva y la contra-cultura americana en el lado de la Generación Beat".Sus primeras novelas aparecieron vinculadas al movimiento de la contracultura y el posmodernismo a partir de mediados de los ochenta, con títulos como  Great Expectations (1982), Sangre y tripas en la escuela secundaria ( Blood and Guts in High School) (1984), y Don Quijote (1986) y se enlazan con la estética neopunk. Sus obras abarcan temas como  la violación, el incesto, el suicidio y el aborto, y ponen de relieve sus luchas individuales para descubrir el significado y la identidad en el lenguaje deconstruido patriarcal y el masoquismo sexual. Según la propia autora, fallecida en 1997 víctima de un cáncer de mama, su obra está influenciada por la poesía de Jackson Mac Low, Charles Olson, William S. Burroughs, por el movimiento feminista y por algunos filósofos franceses como Gilles Deleuze y Jean Baudrillar.

 10- Alice Walker
La autora de "El color púrpura" es una de las voces femeninas actuales más controvertidas. Ya en su trabajo abordaba temas como la opresión económica, cultural y sexual de las mujeres afroamericanas. Su faceta como "revolucionaria" va más allá de su faceta literaria. Ganadora del Premio Pulitzer en 1983, desde los años 60 ha trabajado como activista por diversas causas a favor los derechos civiles y se ha "implicado" en causas como la ambiental, la feminista, la de los derechos de los animales, contra el bloqueo a Cuba y contra la mutilación genital femenina.

4 de febrero de 2012

Las mujeres que leen son peligrosas

Por Stefan Bollmann

¿Por qué los artistas han tomado tan a menudo como tema de sus dibujos y sus pinturas, y más recientemente de sus fotografías, a una mujer leyendo? Y ¿qué otras cuestiones se derivan de este hecho? ¿Cabe llegar a la conclusión de que las mujeres que leen, las mujeres que leemos, son o somos peligrosas, y de un modo especial, y más que las otras? 
Stefan Bollman ha explorado la presencia de mujeres y de niñas lectoras en el arte occidental, desde la Edad Media hasta nuestros días, y nos ofrece una amplia serie de imágenes, acompañadas de comentarios, que empiezan con La Anunciación de Simone Martín (en que María, sorprendida por el ángel en plena lectura, es, nos dice, una femme d'esprit, y no la inocente ingenua que los teólogos tenían por costumbre ver en ella) y termina con la famosa fotografía de Eve Arnold Marilyn leyendo "Ulises" (aducida a menudo como prueba de las inquietudes intelectuales de la actriz, y de a mí, cada vez que la miro, me hace ponerlas más en duda). 
Se trata de una selección de imágenes muy interesante y atractiva, pero no nos encontramos, aunque sea hermoso, ante un libro objeto, ni ante un libro de arte, porque la intención del autor ha sido muy otra. Por algo no han elegido como título "mujeres lectoras", sino "las mujeres que leen son peligrosas", título que no se presta a equívocos y muestra a las claras la intención de la obra, y que yo, un poco como juego, un poco haciendo el papel de abogado del diablo, pongo entre interrogantes, como pongo entre interrogantes las cuestiones múltiples que se plantean, que nos plantea este libro en torno al tema. 
¿Son realmente las mujeres que leen peligrosas? ¿Lo fueron en otros tiempos, siguen siéndolo hasta hoy? ¿Cuál ha sido la reacción de los varones ante esto? ¿Ha contribuido la lectura a la emancipación de la mujer, ha sido un arma eficaz en nuestras reivindicaciones feministas? ¿Leemos nosotras de un modo distinto, establecemos otro tipo de relación con el libro? Y ¿por qué leen actualmente mucho más las mujeres que los hombres? ¿Por qué es en el campo de la escritura donde ocupó primero un lugar la mujer y donde sigue jugando un papel destacado? Todas estas cuestiones, todos estos interrogantes, brotan del libro que tenemos entre las manos. 
Sin duda es reconfortante que, entre tantas vírgenes ingenuas, Marini nos muestre a María con un libro en la mano y tal vez molesta incluso porque el ángel ha venido a interrumpir su lectura, y que entre tantísimas imágenes en que las mujeres se entregan a las labores hogareñas, o cuidan de los niños, o aparecen con flores, abanicos, perritos de lujo o instrumentos musicales -mientras a los hombres los vemos ganando batallas, participando en importantes acontecimientos políticos, sociales, culturales, experimentando en laboratorios, recluidos en lugares de estudio o de trabajo-, haya algunas en que aparecen leyendo, aunque hay que reconocer que también es un tema frecuente en el arte occidental el hombre lector y sobre todo el hombre con un libro en la mano. 
Pero volvemos al tema principal: ¿son peligrosas las mujeres que leen? Uno de los argumentos a favor de esta tesis es la frecuencia con que los hombres, a lo largo de siglos, la han suscrito y ha actuado en consecuencia. (Cabe pensar, entre paréntesis, que si para ellos es peligroso, para nosotras ha de ser en algún modo positivo). Los hombres no se equivocan al respecto, y van a coaccionar y vigilar a las mujeres para que lean lo menos posible y para que sólo lean lo que ellos eligen para ellas. Durante siglos se dificultó, pues, el acceso de la mujer a la lectura y se le prohibieron determinados libros. En 1523, el humanista español Juan Luis Vives aconsejaba a los padres y maridos que no permitieran a sus hijas y esposas leer libremente. "Las mujeres no deben seguir su propio juicio", escribe, "dado que tienen tan poco." Y habrá que llegar a la Inglaterra victoriana para que sean las madres las que elijan las lecturas de sus hijas. 
Durante siglos han sido muchos los hombres a los cuales las mujeres que leen les han parecido sospechosas, tal vez porque la lectura podía minar en ellas una de las cualidades que, abiertamente o en secreto, a veces sin ni confesárselo a sí mismos, más valoran: la sumisión. Todavía cuando yo era niña - en la España de los años 40-, no mi madre, que era una gran lectora, pero sí alguna de sus amigas, me advertían, escandalizadas al verme a todas horas con un libro en las manos, que debía reprimir esta afición, nefasta en una mujer, ya que el exceso de lecturas, como el exceso de saber, me llevaría a tener de mayor problemas con los hombres. Y no me atrevería a jurar que no llevaran parte de razón. Pero creo que la situación ha variado en estos últimos cincuenta años, en que la lectura se ha generalizado y ha perdido poder, y entendí perfectamente que al preguntarle a un amigo, con motivo de este libro, si creía él que las mujeres que leían eran peligrosas, me respondiera; "A mí me dan más miedo las que no leen". 
Es indudable que el acceso a la lectura, que es la principal puerta de ingreso al mundo de la cultura, supuso un gran avance para la mujer, como para cualquier colectivo étnico o social en posición de desventaja y de dependencia. Le dio mayor confianza en su propio valer, la hizo más autónoma, la ayudó a pensar por sí misma, le abrió nuevos horizontes. "No existe mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas", dice Emily Dickinson. Cierto, pero más cierto para aquellos que, como generalmente las mujeres, no poseen fragata alguna ni disponen de la más remoto posibilidad de llegar a tierras lejanas. Porque los libros -nos estamos refiriendo todo el tiempo, claro está a la literatura de ficción- permiten vivir a nivel imaginario lo que no vivimos en la realidad, y pueden convertirse - para bien y para mal, para bien pero también para mal- en un sucedáneo de la realidad. La escritora francesa Laure Adler, especialista en la historia de las mujeres y del feminismo en los dos últimos siglos nos dice en sus comentarios a la obra que tenemos entre las manos: El libro puede llegar a ser más importante que la vida. El libro enseña a las mujeres que la verdadera vida no es aquella que les hacen vivir. La verdadera vida está fuera, en ese espacio imaginario que media entre las palabras que leen y el efecto que éstas producen. La lectora se identifica totalmente con los personajes de ficción..." Sería terrible sospechar que en muchos ámbitos los hombres viven; las mujeres leen. Pero el modo en que Adler termina su reflexión aleja este temor: ...y no se resignan a cerrar el libro sin que algo haya cambiado en su propia vida. El libro se convierte en iniciación." Sin embargo, si esto es válido para muchas lecturas, ¿qué imagen dan de la realidad gran parte de las novelas -convencionales y románticas- que leen las mujeres, y a través de las cuales, y más adelante del cine y la televisión, se forma su visión del amor, del hombre ideal, de la pareja? ¿Una muchachita lectora de novelitas rosa y voraz seguidora de seriales televisivos de sobremesa está mejor preparada para afrontar la relación a dos que una campesina analfabeta del siglo XIX? Habrá que suponer que sí. Pero no hay duda de que las mujeres que leen son más o menos peligrosas para los hombres, más o menos peligrosas para sí mismas, según el tipo de literatura que consumen. 
Laure Adler sostiene que existe un nexo especial entre la mujer y el libro. "Los libros", escribe, "no son para las mujeres un objeto como otro cualquiera. Desde los albores del cristianismo hasta hoy circula entre ellos y nosotras una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular, entretejida de prohibiciones, de aprobaciones de reincorporaciones." Y vemos efectivamente en varias de las imágenes - como Interior de muchacha leyendo, de Peter Ilsted, Muchacha leyendo, de Jean-Jacques Henner, Retrato de Katie Lewis, de Edward Burne-Jones, y sobre todo la conmovedora Joven leyendo, de Franz Eybl-, a mujeres profundamente enfrascadas en la lectura. ¿Más de lo que puedan estarlo los hombres? Seguramente, no. Y dada la importancia enorme que tienen los libros para muchos varones, el papel que juegan en su vida - también con frecuencia iniciático-, y la relación singular y especialísima que mantienen con ellos, me cuesta imaginar en qué radica la diferencia respecto a nosotras las mujeres. Pero que yo no sea capaz de imaginarla, no prueba en absoluto que no exista. 
Hay además un hecho indiscutible: según los datos de las estadísticas, en la actualidad el ochenta por ciento de los lectores son mujeres. Y en pocos campos de las actividades humanas ha ganado la mujer tanto terreno como en la escritura. Estudios realizados en las escuelas muestran que los niños dan menos valor a la lectura, se mueven más, escuchan menos. Creo que lo fundamental es esto: escuchan menos. Los varones se interesan menos por las historias de los otros. Nosotras sentimos una curiosidad insaciable por los otros, que puede desembocar en chismorreos de patio de vecinos o en grandes obras literarias, y a veces en ambas cosas a la vez. Desde Sherezade hasta nuestras abuelas y nuestras madres, las mujeres han almacenado historias, han sido geniales narradoras de historias. 
Tal vez sí exista, pues, una actitud especial de las mujeres ante la lectura, tal vez sí haya desempeñado en nuestras vidas un papel singular y distinto, y nos haya ayudado a adquirir otra visión del mundo y nos haya hecho en otras épocas más peligrosas. En cualquier caso, merece la pena leer este libro, examinar las imágenes, y plantearse las múltiples cuestiones que plantea.

16 de noviembre de 2011

Durante siglos, el que una mujer escribiera fue un acto transgresor: Leticia Luna



La trinchera de Calíope


Por Yolanda de la Torre*


México, DF, 15 nov 11 (CIMAC).- Al conocerla, uno percibe en Leticia Luna algo relacionado íntimamente con la magia, con los misterios cósmicos.

Pero también es algo terrestre y enconadamente femenino, algo atado en firme a los laberintos de este mundo. ¿Cómo? Por medio de la palabra: “Mi trinchera es la poesía: como autora, editora, compiladora, ensayista, promotora y poeta escénica”.

Leticia Luna es el extremo opuesto de la pasividad. Su energía se despliega desde los entresijos de las labores editoriales y educativas hasta escenarios donde convergen poesía, música y danza. Pero, más allá de los premios y las satisfacciones de su labor, Leticia Luna es una poeta rebelde:

“Durante muchos siglos, el sólo hecho de que una mujer escribiera fue considerado un acto transgresor, perseguido por las instituciones patriarcales, eminentemente coercitivas y discriminadoras.

“En la actualidad, el talento y la tenacidad de muchas autoras ha abierto espacios de creación y difusión para su obra. La valoración social de la poesía de las mujeres se ve reflejada en las antologías, donde siempre las voces femeninas han sido minoría, y no sólo en México”.

Así, en un medio tan rudo como el literario, Leticia, quizá gracias a ese extraño halo de poder que parece sumado a una inquebrantable tenacidad, se las ha arreglado para abrir espacios alternativos para su poesía y la de otras autoras:

“En 1998 fundé con otros autores Ediciones La Cuadrilla de La Langosta, que tuvo 10 años de actividad independiente y donde abrimos un espacio para trabajos de mujeres, como el ensayo de Mónica Hernández Arrieta, ‘Las brujas maléficas o rebeldes’, el poemario de Lina de Feria, ‘A mansalva de los años’, o la ‘Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica (pícaras, místicas y rebeldes)’, que compilamos Aurora Marya Saavedra, Maricruz Patiño y yo, editada en 2004: tres tomos que reúnen más de ocho siglos y 500 poetas de España y 20 países de Hispanoamérica”.

A esta antología se suma “Cinco siglos de poesía femenina en México (siglos XVI al XX)”, que compiló Leticia Luna con Maricruz Patiño, editada recientemente por la Colección del Bicentenario del Estado de México. Y es que Leticia es, a ojos vistas, orgullosa heredera de otras mujeres:

“Sor Juana Inés de la Cruz, en primer lugar, seguida por la poeta náhuatl Macuilxochitzin. Después, una serie de heroínas y personajes femeninos a lo largo de la historia, y hablo de la historia subterránea de las mujeres, la invisible, la que apenas en el siglo XX, con los estudios de género, comenzó a salir a la luz: desde las trovaritz francesas y las malmonjadas y malcasadas de la Edad Media española, hasta las poetisas de la época colonial hispanoamericana y las grandes poetas del siglo XX”.

En efecto, las mujeres, ahora más visibles en el curso de la Historia, nos hemos dado a la tarea de apropiarnos de espacios que durante siglos les fueron vedados, pero la discriminación hacia nosotras ha cobrado nuevas formas:

“Si bien es cierto que desde el siglo XX ganamos, gracias a la lucha feminista, derechos como votar y ser votadas, acceso a la educación universitaria y derechos reproductivos y sexuales, la discriminación ahora es más sutil.

“A la mayoría de los hombres aún les cuesta trabajo obedecer a una mujer en un puesto de dirección. Los porcentajes de mujeres que incursionan en la vida laboral, salvo como maestras o enfermeras, son mínimos. Y un reflejo de la discriminación en todos los aspectos hacia las mujeres es la feminización de la pobreza”.

Y esto, considera Leticia, es parte de lo que las trincheras de la creación pueden y deben combatir, porque “el arte y la cultura son las mejores vías para la integración social, para la potenciación de las facultades humanas y para el desarrollo espiritual de las mujeres y de todos los seres humanos”.



*Periodista y narradora mexicana



http://www.escobadezaratustra.blogspot.com



1 de noviembre de 2011

Las mujeres estamos jodidas, pero trabajando para dejar de estarlo: Ana Romero



Por Yolanda de la Torre*


México, DF, 1 nov 11 (CIMAC).- En Ana Romero hay algo risueño, algo que impide imaginarla sin una sonrisa de cuerpo entero, como si toda ella tintineara. Lo mismo sucede con su escritura.

Hace apenas unos días se anunció que Ana ganó el premio de cuento infantil Juan de la Cabada que otorgan el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Ésa, la literatura hecha para el disfrute de la niñez, es su trinchera:

“Hablando en términos de táctica y estrategia, yo creo que formo parte de la meritita vanguardia: niñas y niños. Escribo para ellos narrativa y poesía, y lo hago porque creo que son un público imaginativo, exigente, cruel, pero sobre todo, dispuesto. Nadie como ellos para atacar la literatura sin prejuicios y luego amarla o detestarla, pero siempre con fundamentos”.

Pero Ana –autora, entre otros libros, del poemario “Trenes” y de la novela “La secreta misión del 6.21” – es más que su obra y las satisfacciones que le brinda; es también la suma de sus influencias, de quienes han marcado su vida y la condujeron a ser quien es, y entre todas esas personas hay mujeres que parecen anónimas, pero cuya mano contribuye día tras día a hacer de este un mundo mejor, y otras tantas que, como ella, se han comprometido con el arte y la cultura:

“Las que primero me vienen a la mente son mi Yaya (abuela) y mi profesora de español, Beatriz. Hay también una lista interminable de personajes literarios y cinematográficos que dejaron huella, y cómo no, autoras, directoras, pintoras, musas y gente de la calle. Creo que sería interminable mencionarlas porque soy lo que he visto, leído, oído y elucubrado; y en todos los ámbitos hay mujeres dispuestas a dejar algo”, afirma con una serenidad que trasluce agradecimiento.

A pesar del optimismo ingobernable que destila su pluma, Ana Romero sabe que hay mujeres menos afortunadas que sufren los estragos de una discriminación de género que los avances del siglo XXI no han podido erradicar, pero también que eliminar ese flagelo requiere de nosotras un esfuerzo, una inquebrantable fe en que podemos lograrlo:

“Creo que la violencia contra las mujeres (en este país ya de por sí violento), es lo que más daño nos causa, pero no podemos separarla de la discriminación laboral, académica, cotidiana. Estamos un poco jodidas, ¡pero trabajando para dejar de estarlo!”.

Y con ese mismo espíritu esperanzador está convencida de que la creación, en cualquiera de sus formas, tiene la capacidad de producir transformaciones en favor de nosotras, quienes conformamos más de la mitad de la población de nuestro país:

“La trinchera del arte y la cultura, si bien no es canasta básica, ayuda en todos los sentidos. Da voz. Y dado que las condiciones de ser mujer es una de nuestras debilidades, la expresión de nuestra voz ya constituye un paso. Sí, lo creo fervientemente”.

Al final su propio trabajo, como bien lo sabe Ana, puede contribuir no sólo a evidenciar los atavismos que aún mantienen a las mujeres en condiciones sociales que merecen ser elevadas, sino también a transparentar sus logros. Y lo hace orgullosa, con la frente en alto:

“Eso es lo que trato de hacer. Finalmente, uno sólo escribe de sí mismo, y yo soy mujer. La literatura no puede ni debe deshacerse de su entorno; en ese sentido trato de, sin ser panfletaria, dejar bien sentada mi posición. A lo mejor a nadie le importa, pero si hay una, sólo una mujer que reciba un impulsito, seré la mar de feliz”.

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27 de octubre de 2011

“Pese a violencia, las juarenses no pierden sus sueños”



Jean Marc Troubet dibuja esperanzas en el libro “Viva la Vida” 


Por Amaia Aldamiz
 
México, DF, 27 oct 11 (CIMAC).- “Viva la Vida. Los sueños en Ciudad Juárez” es una novela gráfica que se ha convertido en uno de los retratos más certeros de lo que pasa en esa localidad fronteriza, considerada la más peligrosa del mundo: feminicidio, maquiladoras, violencia del narcotráfico y la presencia del Ejército.
 
El punto de partida era simple: los dibujantes franceses Edmond Baudoin y Jean Marc Troubet viajaron en 2010 a Juárez y a cambio de retratos a mano, pedían a las y los habitantes que les contaran cuáles eran sus sueños, sus aspiraciones, a pesar de vivir en una urbe marcada por la muerte.
 
El resultado es la fascinante crónica de un viaje en el que tuvieron oportunidad de conocer a decenas de juarenses que les mostraron cómo conviven de manera cotidiana con la violencia y el miedo.
 
Jean Marc Troubet (Troubs), nacido en 1969 y uno de los artífices de este experimento, accede a conversar con Cimacnoticias y comparte sus impresiones y experiencias como un extranjero que quiso conocer y entender la situación de las mujeres en Ciudad Juárez.
 
Autor de otras novelas gráficas que nacieron de sus viajes por China, Australia o Madagascar, el dibujante estuvo en la recién concluida Feria del Libro del Zócalo y participó en un coloquio organizado por la Alianza Francesa. 
 
FATALIDAD
 
Troubs comenta que la “Viva la Vida. Los sueños en Ciudad Juárez” se inspiró en el libro “2666” del escritor Roberto Bolaño, quien desde la ficción retrata la ola de asesinatos de mujeres en la urbe chihuahuense.
 
–¿Qué impresión te dejó tu experiencia en Juárez?
–La impresión general tal vez fue que antes de ir pensábamos que era algo así como el infierno por todas las muertes de mujeres y de hombres, la violencia… pero al llegar allí nos dimos cuenta de que hay vida, que la gente vive su vida, que hay personas que hacen cosas para tratar de salir de todo eso.
 
“Ambos (Edmond Baudoin y yo) habíamos viajado ya por el mundo separados. Yo estuve en África, en el suroeste, donde también hay problemas con la frontera, de violencia contra las mujeres… Tal vez lo que es particular de este caso es que hay como un sentimiento de fatalidad en la gente y eso es realmente duro”.
 
Troubs recuerda que –aunque pocos– hay quienes mantienen la esperanza: “Recuerdo que los sueños de los niños me resultaron más impresionantes. Una niña nos contó que su sueño era envejecer, ella quería llegar a ser grande”.
 
MUJERES DE LA MAQUILA
 
Para la elaboración de su libro, los dos dibujantes franceses se reunieron con trabajadoras de una maquiladora gracias a la amistad que tejieron con una de ellas: Elpidia.
 
El contacto se dio a través de Judith Torrea, reportera española que en 2010 obtuvo el Premio Ortega y Gasset de periodismo en Internet, por su blog “Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico”.
 
“Judith conocía a unos universitarios, cuyo profesor, Ricardo, es el esposo de Elpidia. Así que nosotros encontramos un apartamento justo a su lado. Y poco a poco nos fuimos conociendo, nos fue contando la historia de su vida, y fuimos comprendiendo la dificultad de la situación”, relata Troubs.
 
MÁS EJÉRCITO, MÁS VIOLENCIA
 
“No fue fácil entrar a la maquiladora, pero lo pudimos hacer gracias a que Elpidia habló con el jefe de personal. Justo el día anterior hubo varias muertes porque atacaron un camión que transportaba a las mujeres que trabajaban en esa maquiladora. Para nosotros fue un gran shock. Unas personas habían entrado en el bus y dispararon contra las mujeres. Las trabajadoras también estaban muy impactadas”, narra el caricaturista. 
 
–¿Qué impresión les dio la presencia militar en Ciudad Juárez?
–Nos dio miedo. Es constante. Veíamos por todas partes militares con sus armas y no podíamos olvidar que la situación podía tornarse peligrosa. 
 
“La mayor parte de la gente que encontramos nos dijo que esa presencia no hace más que aumentar la violencia. No es la mejor solución. Hace falta proteger, hacer que la justicia y democracia funcionen, proteger a los jueces, a los abogados… debería ser más importante.
 
“Creo que el problema es la impunidad. Habría que buscar y proteger a las personas incorruptibles y que la democracia regresase así. Porque creo que el gran problema es que, por ejemplo, las mujeres pueden ser asesinadas y nadie va a hacer nada. Es terrible”, lamenta.
 Jean Marc Troubet considera que el mensaje de “Viva la vida” es que hay gente que todos los días lucha por la esperanza: “Hay que dejar de escuchar a los grandes medios de comunicación que nos dicen que es el fin del mundo, que no hay nada que hacer. Hay que detener el fatalismo. En Juárez hay gente que lucha y tenemos que ayudarles”.
 
El artista gráfico dice que regresará a México para visitar poblados donde la migración masculina rumbo a Estados Unidos provocó que las mujeres se quedaran solas. 
 
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