La Historia de esos días

La Historia de esos días

La historia de esos días

Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

9 de mayo de 2013

En Puebla, 23.7% de mujeres en extrema pobreza: INEGI



 Por Alejandra Corona Flores

El 54.9% de las mujeres madres poblanas con al menos un hijo sobreviviente y con una situación conyugal de no unión, se encuentra en pobreza multidimensional, de ellas 23.7% presenta pobreza extrema, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

De acuerdo con información de la ENIGH 2010, se estima que en Puebla existen 447 mil mujeres de 12 y más años con por lo menos un hijo sobreviviente y con una situación conyugal de no unión, es decir, son viudas, separadas, divorciadas o solteras. Considerando las estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) para medir la pobreza multidimensional, se estima que en 2010, de las mujeres de 12 y más años que declararon tener al menos un hijo sobreviviente y con una situación conyugal de no unión, 54.9% se encuentra en situación de pobreza multidimensional y de éstas 23.7%  presentan pobreza extrema.

“Las mujeres de 12 y más años que declararon tener al menos un hijo sobreviviente y con una situación conyugal de no unión, 54.9% se encuentran en situación de pobreza multidimensional y de éstas 23.7% presentan pobreza extrema”, resaltó la dependencia federal.

De acuerdo a una gráfica del INEGI, de cada diez mujeres con las características antes mencionadas, cinco están en situación de pobreza multidimensional, de ellas una está en pobreza extrema y cuatro en moderada.

Detalló que del 100 por ciento de las mujeres de 12 y más años que declararon tener al menos un hijo sobreviviente y con una situación conyugal de no unión, 54.9% se encuentran en situación de pobreza multidimensional; 29.5 % es vulnerable por carencias sociales, 5.7% vulnerable por ingresos y 9.9 % no es pobre, ni vulnerable.

Por otra parte, el instituto resaltó un dato importante, donde en el país de 1976 a 2009, el promedio ideal de hijos de las mujeres unidas en edad fértil disminuyó de 4.5 a tres hijos por mujer; igualmente, en Puebla en 2009 disminuyó el promedio a tres hijos. En otro tema, el deseo de ser madre va asociado al número de hijos que ya se tiene, entre mayor sea el número de hijos sobrevivientes su deseo de tener otro disminuye; de esta manera, entre las poblanas de 15 a 49 años de edad, que tienen dos o más hijos sobrevivientes, solo 16.8% desea ser madre de otro hijo.

Publicado por El Heraldo de Puebla, el Mayo 8, 2013 

5 de septiembre de 2011

Lydia Cacho Plan b*

Detrás de cada familia…
 
Por Lydia Cacho
 
¿Alguna vez se ha preguntado cómo viven las trabajadoras del hogar de las y los legisladores y políticos mexicanos? Yo sí, y me llama la atención cómo desde quienes legislan por las prerrogativas de las y los trabajadores, hasta las familias de clase media que se quejan de lo mal que está el país, simplemente invisibilizan los derechos plenos de quienes limpian, cocinan, lavan y cuidan a niñas y niños. 
Esas mujeres que hacen posible que millones de personas ejerzan su profesión, salgan de paseo y vacaciones, son por un lado indispensables y por otro uno de los grupos sociales más opacos y minusvalorados en México.
Su nombre es Matilde. Llegó a trabajar a nuestra casa cuando yo tenía unos nueve años. Venía desde un rancho en Hidalgo y su madre y padre eran campesinos trabajadores en Pachuca. Por las mañanas iba a la escuela, por las tardes limpiaba la casa y nos cuidaba; sábado y domingo visitaba a sus padres. 
Yo estaba entrando en preparatoria cuando fuimos a la UNAM a acompañar a Matilde a su graduación como química. Nunca antes la vi tan feliz y segura de sí misma. La misma joven que limpiaba la casa aparece en la fotografía tomada del brazo de su novio con su diploma universitario en mano. Ésa es una escena que debería ser absolutamente natural en México, pero no lo es.
Resulta sorprendente que aún millones de personas crean que esclavizar a las trabajadoras del hogar, sean o no indígenas, es no sólo normal sino incluso motivo de beneplácito y presunción. Consideran que “rescatar de la pobreza” a una joven les autoriza a arrebatarle el derecho a estudiar, a tener vida social y familiar. 
Basta pensar en los millones de madres y padres que pueden trabajar fuera del hogar gracias a una empleada de confianza que hace de nana, cocinera, enfermera, telefonista y agente de limpieza. 
Cuántas familias mexicanas en sus anécdotas incluyen siempre a una mujer que les cantaba en la cocina, que les caminaba hacia la escuela, que cocinaba los platos favoritos de la infancia cuya remembranza aromática les hace pensar en el calor de hogar y una familia gozosa. 
Ellas mismas han transformado su profesión poco a poco. Candy limpia un departamento en Cancún, lleva consigo el teléfono celular. Por las tardes estudia computación e inglés y recientemente abrió una cuenta bancaria para poder, a los 25 años, comprarse su primer pequeño auto a crédito. 
Para ella ser trabajadora del hogar es un privilegio; le gusta la limpieza, lo hace muy bien y se sabe merecedora de un buen sueldo, considera de gran importancia la confianza de sus clientas y la honra con un pacto de respeto y profesionalismo. 
Candy nació en un pueblo de Yucatán y su infancia no le deparaba un destino muy promisorio. Ella, como Matilde y muchas otras trabajadoras del hogar, aseguran que no son “chachas” ni “sirvientas” sino trabajadoras o asistentes.
Marcelina Bautista es una visionaria, líder de trabajadoras del hogar domésticas, quien conformó una asociación civil denominada CACEH AC (marce_baumx@yahoo.com.mx). Ella lleva más de 10 años haciendo un increíble esfuerzo para que sean dignificados los derechos de las trabajadoras del hogar.
No lo hace desde la grilla inútil, sino desde la experiencia y el profesionalismo; reconoce la importancia de este oficio y la necesidad de replantear cómo lo vivimos y valoramos en nuestro país. 
Marcelina es una fuerza de la naturaleza que ha elaborado un programa de capacitación y asesoría legal para ellas. Gracias a su esfuerzo miles de personas han aprendido a dejar atrás el racismo, el sexismo y la sumisión que subyacen en el trabajo del hogar y le han dado el matiz imprescindible de un trabajo formal y digno que amerita no sólo reconocimiento moral, sino laboral que incluya jubilación y seguridad social. 
Para Marcelina al país se le transforma desde el hogar, con los pactos de congruencia que se hacen en el ámbito personal. Ella plantea que debemos ser capaces de entender que profesionalizar a las trabajadoras del hogar llevará a un pacto social de igualdad, pero también será un factor vital para erradicar el racismo y la explotación laboral. 
Por eso ella ha sido una actora vital para que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) impulse el Convenio 189 por los derechos de las trabajadoras del hogar y que el gobierno mexicano lo ratifique. 
Pero más allá de lograr un tratado formal, lo que Marcelina nos propone a todas y todos los mexicanos es mirar desde una nueva perspectiva a estas mujeres cuya fuerza laboral es un impulso vital para el país y debe ser reconocida, valorada y protegida.
 
www.lydiacacho.net @lydiacachosi
 
* Plan b es una columna publicada lunes y jueves en CIMAC, El Universal y varios diarios de México. Su nombre se inspira en la creencia de que siempre hay otra manera de ver las cosas y otros temas que muy probablemente el discurso tradicional, o el Plan A, no cubrirá. 
 
11/LC/RMB

29 de agosto de 2011

Unas 400 mil mujeres jóvenes, sin trabajo o en empleos precarios



Gobiernos del PAN les niegan derechos laborales: Cereal



Por Silvia Núñez Esquer, corresponsal


Hermosillo, 29 ago 11 (CIMAC).- Alrededor de 400 mil mujeres de entre 18 y 21 años de edad se incorporan anualmente al mercado laboral sin éxito: no obtienen empleo o deben conformarse con un trabajo precario, mal pagado, sin prestaciones y sin derecho a sindicalizarse, alertó el director del Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), Carlos Gerardo Rodríguez.

En declaraciones a Cimacnoticias, el también investigador y especialista en derechos laborales dijo que cada año 800 mil jóvenes se incorporan a la búsqueda de empleo, y que cerca del 50 por ciento son mujeres que ven insatisfecho su derecho al trabajo.

Rodríguez dijo que con tal de obtener un ingreso a esas jóvenes “no les queda de otra” que pasar a formar parte de lo que el Inegi cataloga como “población ocupada en condiciones críticas”.

Es decir, las jóvenes tienen que aceptar contratos verbales o en blanco; sin prestaciones como aguinaldo o vacaciones; sin estabilidad en el empleo, ni seguridad social, y sobre todo sin posibilidad de sindicalizarse, remarcó el activista.

Con esas perspectivas, Rodríguez observó los riesgos de que las y los jóvenes vean a las actividades delictivas como una opción laboral. “La violencia laboral de Estado es la que ha originado lo que ahora estamos viviendo como una violencia criminal. La primera violencia es la que no le otorga al o la joven una oportunidad de empleo”, enfatizó.

Carlos Gerardo Rodríguez estuvo en esta ciudad para presentar el informe “Década panista, decenio perdido para los derechos humanos laborales en México”, en el que aseguró que los sexenios del Partido Acción Nacional (PAN) “han sido los más agresivos para la clase trabajadora y los sindicatos”.

CONFLICTOS EMBLEMÁTICOS

El director de Cereal reportó que entre los años 2000 y 2010 se dieron conflictos laborales “emblemáticos” en los que son claras las graves violaciones a los Derechos Humanos en el mundo del trabajo. Mencionó los casos de la minera en Pasta de Conchos, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), y Mexicana de Aviación.

Destacó que el caso de Mexicana tiene “especial importancia” porque afecta de manera directa a sus trabajadoras y trabajadores, y desmiente el compromiso de Felipe Calderón, quien en campaña se autodefinió como “el presidente del empleo”.

Carlos Rodríguez criticó que no haya voluntad de la autoridad laboral para resolver un conflicto en el que están involucradas muchas mujeres, entre ellas 400 sobrecargos.

Sobre la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, recordó que las principales protagonistas y víctimas son las mujeres. Destacó que de haber sido un caso local y regional, ahora es un asunto litigado internacionalmente.

“Envío mi reconocimiento a las mamás de los mineros, a las viudas, las hermanas, los hermanos, quienes son los que se han organizado y están tratando de abatir esta siniestralidad”, expresó.

Respecto a conflictos laborales en el estado de Sonora, el director del Cereal mencionó el incendio en el campo agrícola El Zanjón, en junio pasado, y en el que murieron cuatro jornaleros agrícolas. Además de que hubo lesionados, las jornaleras resultaron afectadas pues todas sus pertenencias y las de sus hijas e hijos se quemaron.

Ellas tuvieron que regresar con las manos vacías a sus estados de origen. “Este es un caso más de violaciones a los derechos laborales disfrazado de accidente de trabajo”, consideró Rodríguez.

11/SNE/RMB

18 de agosto de 2011

Mujeres realizan 90 por ciento del trabajo doméstico no remunerado



Representa 22.6 por ciento del PIB 
Por Guadalupe Cruz Jaimes
 
México, DF, 18 ago 11 (CIMAC).- Para aligerar la sobrecarga de trabajo no remunerado que realizan las mexicanas en sus hogares, se requieren políticas públicas que permitan a mujeres y hombres conciliar el empleo y la familia, la apertura de espacios de cuidado de personas con enfermedades crónicas, adultas mayores o con discapacidad, así como la extensión de los horarios escolares. 
 
En entrevista, Emilia Reyes, integrante de la organización Equidad de Género, Ciudadanía, Trabajo y Familia, señaló a Cimacnoticias que instrumentos como la cuenta satélite del trabajo no remunerado de los hogares de México 2003-2009, que recién presentó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), son el punto de partida para el diseño de una política pública que pueda mejorar la calidad de vida de las mujeres.
 
La publicación de la cuenta satélite visibiliza la brecha que existe entre la participación del trabajo no remunerado de mujeres y hombres, ya que las mexicanas destinan 80.9 por ciento de las horas totales que en el país se dedican al trabajo no remunerado en los hogares. 
 
El tiempo invertido en esa labor priva a las mujeres de conseguir un empleo remunerado, seguir estudiando y ejercer su derecho a la salud o al tiempo libre, indicó Emilia Reyes.
 
Sin embargo, el trabajo en los hogares no es reconocido como una actividad productiva, a pesar de que representa el 22.6 por ciento (2 mil 672 billones de pesos) del Producto Interno Bruto (PIB), superior a la aportación de sectores como el manufacturero y el agrícola, según Inegi.
 
Las labores domésticas y de cuidado de otras personas son socialmente desvaloradas, “se piensa que las mujeres no están haciendo nada” cuando por realizar esta tarea de “gran impacto” económico, “muchas están perdiendo beneficios como la protección social”, a la cual podrían tener acceso en un empleo remunerado. 
 
La especialista refirió que “no se trata de que ellas lo dejen de hacer y salgan en busca de un ingreso”, si no de que se reconozca que es una labor fundamental para que una sociedad pueda existir, “eso es lo que significan esas cifras”, recalcó. 
 
El valor del trabajo no remunerado en los hogares aumentó del 21.7 por ciento a 22.6 por ciento del PIB de 2003 a 2009; en ese periodo la participación de las mujeres registró un incremento de 16.9 por ciento a 17.3. Mientras que el valor aportado por los hombres pasó de 4.8 por ciento a 5.3. 
 
Ante este panorama, se necesita que las responsabilidades del cuidado del hogar se distribuyan equitativamente entre mujeres y hombres. Para lograrlo, se requiere la intervención del Estado mediante el diseño de política pública que permita conciliar el trabajo y la familia a mujeres y hombres.
 
Por ejemplo, la política laboral debería tener en cuenta prestaciones sociales de paternidad, como las guarderías para que ellos dediquen tiempo en llevar y recoger a niñas y niños.
 
El valor del trabajo no remunerado de los hogares que en 2009 aportó cada persona fue de 37 mil 300 pesos para las mujeres y de 11 mil 800 para los hombres. Sin embargo, el valor de las tareas realizadas por las mujeres aumenta a 55 mil 200 pesos cuando viven con menores de seis años de edad, debido a la multiplicación de tareas que implica el cuidado infantil.
 
En este sentido, la experta señaló que es preciso ampliar los horarios en las escuelas primarias para reducir las horas de cuidado que actualmente destinan sobre todo las mujeres.
 
Otro requerimiento para aligerar la sobrecarga de trabajo de las mujeres es la creación de espacios de cuidado para personas enfermas crónicas, adultas mayores o con alguna discapacidad.
 
Al cuidado de otras personas, las mujeres dedicaron 13.7 por ciento del total de las horas destinadas al trabajo en el hogar; esta tarea representa un 28 por ciento del valor económico de la actividad, ya que es una labor especializada.
 
Para abatir la disparidad en el trabajo en el hogar también hacen falta políticas integrales que erradiquen la discriminación en torno a trabajo no remunerado, y que designa a las mujeres como únicas responsables de estas tareas, al incluir en la educación formal la importancia de una distribución justa de las labores domésticas. 
 
Esta tarea puede reforzarse con trabajo comunitario que fomenten nuevas formas de relacionarse entre las y los integrantes de las familias, para que cada persona asuma su responsabilidad en el mantenimiento de su hogar, concluyó Emilia Reyes.
 
11/GCJ/RMB